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Historia del inmigrante japonés PDF Imprimir Correo electrónico
Colectividad - Argentina
Escrito por Diego Shinzato   
Lunes 07 de Julio de 2008 13:29

ImageUna valiosa e interesante obra acerca de la historia de la inmigración japonesa en la Argentina nos relata la vida de estos hombres y mujeres que se establecieron en estas tierras. Luego de un arduo trabajo a cargo del Comité de Investigación y Redacción de la Historia del Inmigrante Japonés en la Argentina, pertenecientes a  la Federación de Asociaciones Nikkei en la Argentina (FANA), se lograron editar estos dos libros.

 

Consta de 2 tomos con sus versiones en castellano y también en japonés:
Tomo I: Período de Preguerra
Tomo II: Período de Postguerra
Representan las 2 corrientes migratorias más importantes que han ingresado a la Argentina, es decir, antes y después de la 2ª guerra mundial.
Entrevistas logradas a conocidos y familiares directos de los pioneros inmigrantes en diferentes partes de nuestro país, además de una minuciosa investigación a través de materiales gráficos y documentos de ese entonces y en bibliotecas, como también en archivos de la Asociación Japonesa en la Argentina, hacen de estos dos tomos una valiosa e interesante manera de conocer los pormenores de la vida de estos japoneses, que con sus incertidumbres, resignación, adaptación y tesón en el trabajo se afirmaron en estas tierras.
A continuación, transcribimos un fragmento del tomo I (agradecemos a los sres. Choichi Sakihara y Alejandro Kuda, miembros del Comité de Investigación, por permitirnos publicar este material):

Kinzo Makino

Al radicarse en la Argentina en 1886, Kinzo Makino se convirtió en el primer inmigrante japonés. Fue un personaje considerado como “legendario” hasta que se encontraron documentos que probaron su existencia. El periódico Aruzenchin Jiho publicó una serie de artículos titulado “Los Pioneros”. Uno de ellos, con fecha del 12 de marzo de 1927, es el resumen de una entrevista al secretario de la Embajada Naoya Nagamine. Con el fin de solicitar un certificado para recibir la jubilación como maquinista de locomotora, Makino había acudido al Consulado en 1921.
“Makino nació el 28 de diciembre de 1864 (según el libro Córdoba, tierra de origen de la inmigración japonesa, nació en 1859) en Miuramisaki. Posteriormente se trasladó a Tokio, donde fue registrado con domicilio en Yottsume, famoso por sus ostras, en el distrito de Honjo. En su infancia jugaba con las olas del Océano Pacífico, y su juventud transcurrió dentro del ambiente vivaz al estilo edokko (nombre que se da a los nacidos y residentes en Tokio). A los 22 años manifestó su intención de emigrar al exterior, pero al no obtener el permiso de sus padres, decidió hacerse a la mar alistándose como tripulante de un barco inglés. Sin embargo, no era su anhelo la vida de marino, sino trabajar lejos, en el extranjero, y llevar una vida estable.
Image“Para ello no tuvo otra opción que huir clandestinamente del barco. Efectivamente, en 1886, descendió del barco inglés en la costa argentina para nunca más volver al Japón. No se sabe si arribó al puerto de Buenos Aires o al de Bahía Blanca, pero sí que se dirigió inmediatamente a Córdoba por temor a ser descubierto en las proximidades del puerto. Se tranquilizó al llegar a esa provincia, pero su sufrimiento como pionero y como polizón superaba todo lo imaginable. Hablaba bastante bien el inglés y por eso consiguió un puesto como maquinista de locomotoras. Por su dedicación y honestidad, se ganó la confianza de sus compañeros y superiores y, gracias a la gestión de un jefe, pudo casarse con una francesa con la que tuvo un varón y dos mujeres. El primogénito es teniente de reserva y ya tiene 26 años. El ante año pasado se casó con la hija de un estanciero, y es una persona que demuestra un gran amor filial.
“Se presentó con su hijo en el Consulado, su japonés era bastante precario aunque conservaba la tonada edokko y un espíritu muy jovial, Nagamine san (san equivalente a señor, expresión de respeto) estuvo de visita por Córdoba y Makino le había comentado, con lágrimas en los ojos, que en el Japón vivía su hermano mayor a quien deseaba visitar. Su estado de ánimo había decaído luego del fallecimiento de su esposa, ese mismo año”(artículo publicado año y medio antes de su fallecimiento).
   Cuando Makino llegó a Córdoba, la mayoría de los pobladores no sabía donde se encontraba el Japón, y por su aspecto, semejante al de un indígena boliviano, lo llamaban “Colla”. Al comenzar la guerra ruso-japonesa, la opinión sobre el país nipón fue cambiando gradualmente, y el mismo Makino invitaba a sus amigos ante cada victoria japonesa. Cuando los periódicos anunciaron la caída del puerto de Ryojun (puerto que está en Lushun, también conocido como Port Arthur), los amigos fueron a su casa para celebrar y beber hasta el amanecer.
En 1901 adquirió una vivienda, el primer inmueble de un japonés radicado de manera permanente en la Argentina. Le gustaba ayudar a sus compañeros y en la empresa ferroviaria donde trabajaba recomendó la contratación, como carpintero, de un compatriota llamado José Kogaki. Hizo lo mismo con un arquitecto, Yosamatsu Ono. Antes de dedicarse a la actividad agropecuaria, también Yoshizo Suzuki permaneció temporalmente en su casa mientras realizaba una recorrida por zonas del interior del país.
En 1912 llegó a la provincia un grupo más de diez japoneses, supuestamente provenientes del Brasil, por quienes intercedió para que los aceptaran en la compañía para tareas varias. De todos modos, el grupo se marchó al poco tiempo.
En documentos de la empresa ferroviaria aparece registrado con el nombre de Miguel King, de nacionalidad japonesa. Como había huido del barco y no tenía pasaporte, se hacía llamar “Michael King” por la similitud fonética con su nombre original. Si bien en el momento en el que se incorporó a la empresa tenía 29 años, en los documentos figura con 24, y nacido el 28 de diciembre de 1864.
Los maquinistas de aquella época obtenían la calificación después de aprobar un curso de capacitación. Pero, de acuerdo con sus antecedentes, los foguistas como Makino podían trabajar como conductores.
Cuando desembarcó en estas tierras, enterado de que en la provincia de Córdoba había una gran demanda de mano de obra para la construcción del ferrocarril, hizo un recorrido desde Buenos Aires, de 700 kilómetros, la mayor parte a pie. Al principio trabajó como peón de transporte de maderas, y luego fue conductor de tranvía a caballo. El presidente de la compañía de migraciones Kokoku, Ryu Mizuno, que antes de organizar el viaje pionero del Kasato Maru al Brasil había conocido la Argentina en 1906 tras pasar por Perú y Chile, describió a Makino en su libro Guía del viaje a Sudamérica como un “trabajador muy entusiasta y diligente”. Cuenta además que con el tiempo fue reconocido por los directores: de obrero de transporte de madera pasó a ser aprendiz de maquinista, por lo que cobraba un sueldo cinco veces superior.
En el número aniversario del periódico Akoku Shimbun del 25 de mayo de 1937, un artículo titulado “Imagen de un precursor olvidado”, escrito por Kiyoshi Tagawa, recuerda los últimos años de Kinzo. “ En el pueblo donde estoy radicado desde hace 14 años (Villa María) vive un anciano criollo llamado Don Pancho, que parece el resurgimiento de Martín Fierro –relataba Tagawa-. Hace mucho tiempo atrás estuvo trabajando como foguista en la empresa ferroviaria Central Argentino y llegó a ser maquinista. Se retiró luego de haber estado más de 30 años, y actualmente vive cómodamente con su jubilación de algo más de $ 210. Por la edad que tiene, y pensando que podría haber conocido a aquel anciano, en una oportunidad le pregunté:-A propósito abuelo, para aquellos tiempos en que usted estuvo trabajando en la línea central? Su nombre era...- Cuando estaba tratando de recordar el nombre, el viejo me interrumpió y dijo: -¿Qué? ¿Un japonés?-.  Pensó un rato, y luego se acordó: -Su nombre era Maki Kinzo, lo conozco muy bien porque estuvimos más de 10 años juntos. Era un buen compañero en el trabajo y en el trato, aunque muy callado”. Resultó que habían trabajado en la misma locomotora. Con el uniforme verde y las manos engrasadas, solían entretenerse tomando mate mientras hablaban sobre diversos temas.
“Tengo varios viejos amigos en la ciudad de Córdoba, y cada vez que los visitaba preguntaba sobre nuestro gran sempai ( predecesor/ persona de mayor antigüedad) Kinzo Makino. Él, que vivía en la zona de Alta Córdoba, no mantenía mucho contacto con la colectividad. Eso no nos convencía en absoluto a nosotros, los pocos japoneses de entonces, que tratábamos de reunirnos sin importar la distancia para aplacar nuestra nostalgia. Sin embargo, por su edad, imaginé que pertenecía a otra generación y que sentía pereza de viajar. Además, por su entorno familiar, debía sentir que podía ser perfectamente independiente sin necesidad de encontrarse con sus paisanos. Es probable que haya seguido sintiéndose japonés, pero aparentemente parecía haber olvidado tanto el nihongo (idioma japonés) como el inglés. Un amigo de Córdoba me comentó que le costaba conversar con él. El hecho de que a su funeral haya concurrido mucha gente no japonesa, se debió a que sus familiares eran argentinos y él mismo había vivido la más pura vida criolla. No sabemos si con su familia fue feliz, pero ese modo de vivir, aislado de la colectividad, se debió seguramente a su afán de pasar el resto de su vida cosmopolita de modo simple. Seguramente no lo habría buscado por preferencia”.

Para más información o adquirir los ejemplares:
Federación de Asociaciones Nikkei en la Argentina (F.A.N.A.)
Tel.: (54-11) 4307-2026

 
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